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¿Sabía usted que "Cottolengo" proviene de un nombre propio?

El término "cottolengo", a lo largo de los años ha adoptado -en el imaginario social y en el lenguaje común- un significado que se aleja, no sólo de su significado original sino del cometido y objetivo institucional, ya sea por desinformación o por una inadecuada apropiación del mismo. A partir de esta concepción deformada, se cree que un "cottolengo" es una institución asilar, que asila y aísla, a adultos mayores. Es decir, es comprendido como sinónimo de "asilo de ancianos".

San Benito Cottolengo y San Luis Orione

La historia de dos grandes hombres cuyas obras estaban predestinadas a encontrarse
San José Benito Cottolengo nació en Bra en 1786 al norte de Italia, obtuvo su diploma de teología en Turín, donde luego fue nombrado canónigo. Fue también allí, donde vio morir a una mujer, rodeada de sus hijos que lloraban, y a quien se le habían negado los auxilios más urgentes, porque era sumamente pobre. Esta experiencia, extremadamente trágica para San Benito Cottolengo, fue también edificante ya que determinó un cambio fundamental en su vida y en su dedicación hacia los enfermos abandonados y más desposeídos.
Vendió todo lo que tenía, hasta su manto, alquiló un par de piezas y comenzó así su obra bienhechora, ofreciendo albergue gratuito a una anciana paralítica. Así, desde el Gran Cottolengo de Turín (Casa del Padre Cottolengo), comienza a fundar otros cottolengos, casas de la Divina Providencia –como las llamó- y donde brindó un hogar digno y de amparo a enfermos catalogados como incurables y desprovistos de todo apoyo económico y sanitario.

San Luis Orione, viajó a Turín el 4 de octubre de 1886 para ingresar en el gran colegio salesiano fundado por quien sería su modelo y maestro, Don Bosco, a quien el joven estudiante llegó a querer como a su propio padre.
A través de aquel santo viviente, Don Orione supo de otro hombre de Dios a quien Don Bosco había conocido en persona, cuya misión caritativa en pro del desamparado no tenía precedentes, San José Benito Cottolengo, fundador de la Casa de la Divina Providencia.
Esos dos hombres marcaron a fuego el espíritu del joven Orione.

Luis Orione regresó a Tortona el 16 de octubre de 1889, para ingresar en el seminario y una vez ordenado (1895), puso manos a la obra de manera inmediata, fundando la Pequeña Obra de la Divina Providencia y las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, consagrando ambas órdenes a Nuestra Señora de la Guardia, la Virgen patrona de la Liguria, en una de cuyas elevaciones (el monte Figogna), se apareció el 29 de agosto de 1490 al humilde pastor Benedicto Pareto.

Los niños carenciados, los discapacitados y los abandonados de la humanidad supieron de la benevolencia del incansable sacerdote de Tortona, lo mismo que los damnificados por los terremotos de Regio, Messina (1909) y Marsica (1915), en donde Don Orione realizó prodigios.

Al igual que San José Benito Cottolengo, Don Orione inauguró hospicios para albergar en ellos al desprotegido, al enfermo y al abandonado. Pero sobre todo, a quienes padecen de todo: la desprotección, la enfermedad y una pobreza que les impide curar o paliar la enfermedad por sus propios medios. Desde aquel entonces esta es la Misión institucional de los Cottolengos y, por tanto, del Cottolengo Femenino Don Orione.

 
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